domingo, 6 de julio de 2014

Peor que la friendzone.

Éramos buenos amigos, quizá es lo que más extraño. Tener un cómplice, alguien con quien valiera la pena cerrar la puerta, cambiar de dirección en el coche, dejar que el mundo siguiera y encerrarse sin razón aparente.

Éramos buenos amigos, extraño esos secretos, esas cosas de las que hablábamos, que hacían referencia a cosas que sólo tu y yo sabíamos; como un lenguaje alternativo que nada más tu y yo conocíamos.

Era bueno sentir como el alma me regresaba al cuerpo cuando te abrazaba, sin decir una palabra, mi sangre recobraba fuerza y volvía sentir que todo marchaba bien.

Me gustaba cuando decías "Esto nunca lo he hecho con nadie" "Yo no hago esto por nadie"; me hacía sentir especial, me hiciste sentir especial; aunque al final no lo fuera.

Quizá es lo que más extraño, sentirme especial para ti. Éramos buenos amigos, y sin importar a donde fuera, estaba perfecto si iba contigo. Los videojuegos, la comida chatarra, tus amigos que luego se hicieron míos. Extraño eso.

Éramos buenos amigos, y nada más importaba más que los viernes que llegabas a mí, que me hablabas de esa forma rara para hacerme reir y quedar mal con mis vecinos. Las galletas con leche sabían bien sólo contigo. Detesto las galletas y detesto la leche.

Podía hablar sin parar después de un día atareado, y mientras manejabas tu me decías: "Continúa, no te estoy ignorando, me gusta escucharte", y nos peleábamos por saber quien pondría su música, y casi siempre ganaba yo.

Éramos buenos amigos, y por eso bailaba contigo, aún y cuando hicieras esos gestos raros burlándote de todos, me daba un poco de verguenza, pero me daba más risa, y me reía contigo. Yo tampoco sabía bailar, sólo lo hice contigo.

Por esa complicidad entre los dos, te permití que cruzaras límites que ni yo sabía que existían, yo confiaba en ti, por qué éramos buenos amigos.

Extraño poder confiar en alguien, poder seguir a alguien, te extraño a ti y a todo el universo que nos rodeaba cuando nos tomábamos de las manos.


Éramos buenos amigos, quizá tu necesitabas algo más, lo siento, te di todo lo que quedaba.

Desafortunadamente insomne.

Ella es nocturna, trasnochera, insomne; y se me posa en la nariz cada vez que siento que él no está.
Es como si tuviera un sexto sentido para adivinar el momento justo en el que no debería aparecer, y entonces camina, sigilosa, se me posa en la punta de la nariz, y me la espanto con las manos.
Hay algo de belleza en eso, por alguna razón las personas la encuentran hermosa.
Alguna vez lloré en sus brazos, mientras sentía su frío corazón palpitando en mis oídos; desde entonces debí de haber entendido ciertas cosas, porque ella nos miraba a los dos, melancólica, sin decir nada.
Alguna vez le dije a él que su estancia en mi vida había sido como sacarme la lotería; lo sentí muchas veces así, cuando el sol brillaba en sus ojos verdes sentía que no podía ser mas afortunada. Y bueno, ahora que he perdido el boleto, ya no me siento con la misma suerte.
Ahora somos sólo yo y ella, escribiendo, cantando, maldiciendo, viendo la muerte de los días y las parejas felices infestando el verano.
A veces creo que ella lo extraña más que yo, no es fácil soportarme por tiempos prolongados.
Yo lo extraño a él, y sueño con el momento en que vuelva a escuchar su voz diciendo mi nombre. Cuando eso pase, mis tímpanos harán una fiesta tan ruidosa que los relampagos de la tormenta apenas y serán percibidos.
"Karen...Karen"...me susurra el recuerdo, ¿o será ella la que me está llamando para irme a dormir?

lunes, 16 de junio de 2014

Hombre de pastizales.

Quizá sólo sea el musgo,
que crece bajo tus pantalones.

Que sube por tu vientre,
que invade tu pecho caliente;
que me invitó a pasar,
a quedarme en silencio y contemplar el vacío,
mientras me picaba las orejas.

Quizá sólo sea tu voz bonita,
que me hace caminar como los patos,
sobre el agua del lago,
que me cuenta chistes sin gracia,
y me convence del milagro,
de reir de nuevo,
de ser mudana,
de dejarte entrar, aunque duela.

¡Me gusta que duela!

Quizá sólo sea tu sonrisa,
sus oyuelos solitarios,
mordisqueados,
saqueados como mi alma,
sin contenido;
como dos frascos abiertos,
y transparentes,
que me invitan a depositar todo ese amor mio,
que no es tuyo, ni es de nadie.

Quizá sean tus ojos que hablan,
y no dicen nada,
tus brazos que abrigan,
y no protegen;
tu saciedad fresca entre mis piernas,
que escurrió estando presa,
silenciosa, pero evidente.

¡Tan cínica y siniestra!

Quizá sea tu carácter ajeno,
que me sometió bajo su cuerpo moreno.

...
me vine y me regresé a dónde estaba antes de encontrate.

Y sin embargo te pienso,
sin pensarte,
te llamo sin voz,
y pienso en el accidente de tu cama,
tan caliente,
tan incómoda y mojada.

Y quiero tenerte de nuevo,
besar el musgo que crece bajo tus pantalones.
Decir: Te echo de menos, tengo ganas de tí esta noche.

domingo, 15 de junio de 2014

Quizá debí decir adiós.

Quizá debí decir: “Adiós, que tengas una buena vida”, pero me resultaba falso decirlo. Uno se despide de alguien cuando no lo verá nunca más, y yo te tengo metido en el fondo del todo. Ahora, estoy segura que pasaran dos cosas, y ambas cosas están bien.

La primera será que el tiempo seguirá con su recorrido acostumbrado de los siglos por los siglos. Pasara una semana, dos, quizá tres, y en casos muy extremos es probable que pase el resto de mi vida, y siga pensando en tí.

Al principio con mucha frecuencia, todos los días, todo el tiempo. Después, con más distancia, dos o tres veces a la semana, después serás sólo un recuerdo, y cuando escuche algunas canciones o vea algunos detalles no podré evitarlo y evocaré tu vida con la mía.

Las primeras veces será casi imposible decir buenos días o buenas noches, y me alejaré de las cosas que recordaban a tí, porque no es sano andar llorando por los rincones.

Pero al final, cuando todo acabe, en cierto momento sabré que hice bien en quererte, y hablaré de mis sentimientos en pasado y la vida no será tan turbia, menos entonces a unos pasos de la muerte.

La segunda será la más dramática, la que divide mi alma en dos. Pasará determinado tiempo, puede ser una semana o dos, quizá tres, y en casos muy extremos en probable que pase el resto de tu vida, y sigas pensando en mí.

Siempre con mucha frecuencia, todos los días, todo el tiempo.

Descubrirás que algo le hace falta a tu cuerpo y te rascaras las partes donde te besé.

Extrañarás mi voz diciendo tu nombre, mi mano tomando la tuya, nuestra presencia entre tus amigos. Verás que te has mentido, que solo no puedes, que todo pasa demasiado rápido para complicarse las cosas.

Sabrás que quieres estar conmigo, que no fue suficiente lo que te di y que quieres más; y en un caso extravagante y alterno que nada de esto llegara a pasar, simplemente querrás volver para que alguien haga con tu cuerpo, lo que hice yo en la intimidad.

Quizá debí decir “Adiós, que tengas una buena vida”, pero estoy segura que me esperan noches sin dormir, lágrimas resistentes en mis pupilas, baños largos que no podrán limpiar mi alma, canciones escuchadas mil veces, letras que fluyen para llenar tu ausencia, y hasta cigarros que intentarán suplir tus labios.

Quizá debí despedirme, pero estarás en mi vida durante algún tiempo, y aunque te niegues a estar conmigo, te veré todos los días.

Sólo quiero ser madura, afrontar esto como algo que ya ha pasado antes y que sólo me ha convertido en un ser mayor. No quiero dramas, nunca los quise, todo lo que quiero es paz y amor.

lunes, 2 de junio de 2014

Carta de la idolatría.

“…Ten la seguridad que si me nombran de pronto reina del mundo entero, mi primera acción sería obligarlo a caer de rodillas para adorarte”
-Marqués de Sade, Julieta y el vicio ampliamente recompensado.

No sabes lo dichosa que soy al poder cerrar los ojos y estar contigo siempre que hay el silencio y la soledad que es necesaria para lograr transportarme a tus brazos.

Sentir tu existencia. Apretar los párpados y poder recorrerte con mis manos de los pies a las ideas, poder besarte, morderte, arañarte, oler tu fragancia que termina por impregnarme.

No hay cosa que pueda yo añorar más que estar contigo. Estoy convencida que la empresa de tus besos es la única a la que vale la pena apostarlo todo, lo demás puede fallar o funcionar, pero sólo una cosa tiene sentido y es el hecho de que existas en mí el resto mis días. Eres lo mejor que me ha pasado, y no pretendo que nadie lo entienda.

Es que aún tengo tanto amor y tanta pasión en mí, y son sólo para ti, y quiero dártelo todo antes de desaparecer. Quiero ahogarte en mi ser  y llevarte al cielo o al infierno o hasta el fin del mundo si es a ese lugar a dónde quieres ir.

No pido que tú me des lo mismo, si acaso la mitad, porque dudo que haya en este mundo un ser humano con la capacidad de querer a otro ser humano de la misma forma en la que yo te quiero a ti. Ni siquiera tú podrías, tan lleno de virtudes y destrezas, conozco tus limitaciones, y las afectivas son muy reducidas.

Lo que tú pudieras llegar a sentir siempre sería una gota de agua comparada con el océano de mis afectos.
Y si, tal vez estoy enferma, pero soy afortunada de estarlo a causa tuya, y es una enorme bendición esa en mi ser lleno de enmendaduras, poder sentir el amor sin horizontes, poder escribirte y creer que me lees, y complacerme con la sola idea de estar enamorada de ti.

Un bucle sin final, de aquí para siempre, el amor circulando en mis venas, pregonando tu nombre, calmado su impaciencia recordando lo que era, llenándose de tu ser como un mendigo saboreando el pastel desde atrás de la vitrina, satisfaciendo el hambre sólo con la sensación de tenerlo en la lengua.

Tuya hasta el fin de mi vida, yo.





sábado, 31 de mayo de 2014

¡Déjenme dormir!

Hay un momento del día en específico en el que la miseria humana se hace presente toda junta, amontada frente a los ojos adoloridos, y me hace decir “Maldito mundo de mierda”…sucede cada vez cinco segundos después de despertar.

Siempre he creído que el sueño es algo sagrado de cada individuo que debe respetarse y honrarse tanto como se hace con el cuerpo y el alma, como si fuera un ente propio que viene y nos visita a diario para ayudarnos a olvidarlo todo y de esa manera renovarnos por completo y darnos la oportunidad de reinventarnos un poco después del amanecer.

Y sin embargo, la vida esta ideada de cierto modo que yo tenga que despertar a cierta hora y tenga que dormir a otra; ambas cosas nunca suceden por mi voluntad.

No dormir lo suficiente sólo le da aliento a mi histeria, cosa para nada agradable. Y de verdad, he sido tan insoportable estos últimos dos meses que incluso he estado pensando en la seria e importante posibilidad de yo también abandonarme y conseguirme un gato o dos.

Tal vez sólo necesito que me dejen dormir, que me dejen cerrar los ojos y no abrirlos a menos de que así lo quiera, a menos de que me sienta lista para enfrentar ese momento de miseria humana al que yo le llamo “la mañana”.

Primero escucho algún ruido, lo que sea, algo que por lo general es irritante, algo como el sonido del despertador, de la televisión, del perro o de mi respiración (¿qué cosa no es desagradable en la mañana?) y salgo de ese estado de inexistencia, se encienden mis ojos apagados y hacen un escaneo automático y tan rápido que es casi imperceptible, sobre la situación en la que me encuentro: lugar y tiempo.

Tal vez siga soñando despierta un poco, después de todo lo hago varias veces sin importar si es en la mañana o no, esos cinco segundos recapitulan toda mi historia hasta ese momento.

Ya es tarde; me doy cuenta que apenas y he dormido bien “lo que se dice bien” unas cuatro o cinco horas, o quizás menos a juzgar por cómo se siente el resto de mi cuerpo.

El insomnio es horrible, se lo deseo al peor de mis enemigos, ¡Qué no duerma el culero!


En resumen:

"¿En qué estábamos? 5…4…3…2… 1 ¡Ah, sí! ¡Maldito mundo de mierda!"



Y se me va el día deseando que sea de noche para poder dormir, y se me va la noche deseando que sea otro día. Todo es temporal, no hay mal que dure cien años.

Es que no estoy lista para enfrentar está realidad en la que estoy, quizá nunca he estado lista del todo para enfrentar ninguna de las realidades a las que me he tenido que acostumbrar. Quizá mañana busque una almohada y ahogue a alguien, quizá deban dejarme morir para poder nacer otra vez.

Quizá sólo necesito dormir, más nunca despertar.


En conclusión, dejen de estar chingando y déjenme llorar y dormir. 

PD: Dejen de decirme que sonría, nadie me da órdenes.



miércoles, 30 de abril de 2014

Peor que cuando vas a comprar condones.

Han pasado varias semanas así, y aunque de repente tomo la determinación de no seguir igual, después me doy cuenta que no está en mis manos. 

Basta una palabra, un gesto, una imagen, un nombre, una canción, y los lagrimales se activan sin remedio.

Y qué decir si esa explosión ocurre algunos minutos antes de la comida, las entrañas se niegan a recibir alimento y me piden que devuelva lo que todavía no entra. 

Y si son unos minutos antes de dormir, los ojos se abren de par en par y se siente el corazón latiendo adolorido, como si fuera algo que pudiera doler.

A veces, algo me aplasta el pecho y se me dificulta la respiración, y tratando de no mojar mis ojos digo: Nada, no me pasa nada.

Como si pudiera pasarme algo distinto todos los días.

Te acercas a la farmacia, con cautela, para comprar algo que hace mucho que no utilizas. Al llegar, te percatas que alguien más esta a un lado de la caja, en una cálida charla con la farmaceuta.
–Buenas noches
–Buenas noches señorita ¿Qué necesita?
–Vengo a preguntar por unas pastillas, se llaman Remotiv
La empleada te ve con duda, y su compañero igual
–¿Para qué son?
La cara se te calienta, se te pone roja, y casi, casi, no reconoces el sentido de la vergüenza en tu ser. Saldrías corriendo, pero, ya es tarde.
–Para la depresión.
El tipo se retira sin despedirse de la empleada, como huyendo de un posible contagio. Ella, te da la espalda para buscar la medicina en uno de los estantes.
–No, no hay, hace mucho tiempo que no me la surten.
–¿Sabe cuál es el componente activo?
La mujer te ve con lástima, ¿Por qué?, intentas no mirarla a los ojos mientras te dice que buscará en el almacén. Acto seguido, regresa triunfante con la caja en las manos.
–¡Aquí esta! Lo que pasa es que me las cambiaron de presentación, pero son estas.
Sonríe contigo como cuando la gente les sonríe a las personas que tienen cáncer, piensas, ¿tan jodida me veo?
 –¿Cuánto cuestan?
   –Ciento noventa con ochenta y nueve
Suspiras, entonces ella pregunta ¿Qué pasa?
–Nada, es que además de estar deprimida, estoy pobre
–Para lo segundo no tengo pastillas
–Lo sé. Démelas de cualquier forma.

Al salir, las palabras de Luis me resuenan en la cabeza: “La depresión son puras mamadas, la gente está triste porque quiere, a la gente le gusta hacerse la víctima”

Ojalá me vieras ahora comprando pastillas; seguramente estarías cagándote de la risa. Quizá algo siga mal aquí adentro, ya sabes, dentro de está cosa descompuesta que tengo por cerebro.

Total, ni que fuera Prozac.

¿Algún buen samaritano que me regale eso?