sábado, 12 de mayo de 2012

Manos vacías (Breve crónica de una soltería anunciada)




Ayer te despediste con un beso frío a un lado de la boca, justo antes de que iniciara mi tedioso camino de regreso a casa. ¡Qué asesino!
No dijiste a donde ibas, ni aseguraste volver; pero al entender que tu destino tenía el cabello largo, rubio y tormentoso, el corazón se me fue por la coladera de la esquina.
Y repentinamente, todos en la calle tenían las manos ocupadas.
Una chica en minifalda llevaba en su mano izquierda un helado de vainilla, presumida movía las piernas al compás de lo que llevaba en la mano derecha; un novio de metro ochenta que en otros tiempos me hubiera coqueteado al mirar mis ojos tristes, pero no lo hizo ese día.
Un hombre vestido de negro cargaba un portafolios negro y con él un montón de negocios, muy buenos  a juzgar por su cara satisfecha y su argolla de matrimonio en la mano izquierda.
El trayecto continuaba y una señora también tenía ambas extremidades ocupadas, cargando la responsabilidad de dos hijos distribuida en cada lado de su cuerpo; con cara de hastío vociferaba locuras maternas, enfundada en su delantal de guerra, floripondio y lleno de manteca.
Un auto azul frenó de improviso y cedió el paso a una niña que corría con un chihuahua amarrado de un lazo; y hasta el rosal de aquella casa verde y mugrienta, se encontraba enramado con un árbol.
Entonces, en un acto de valor decidí observar mis manos, no muy segura de que poder buscar en ellas.
“¡Ahora vuelo!”, me decía; “¡Nada me ata!”, me convencía; “¡Soy libre!”, me consolaba.
Un cigarrillo se rió entre mis dedos derechos; y un montón de ideas, de esas que solo suenan bien dentro de mi cabeza, me hicieron cerrar el puño izquierdo.
“¿Quién dijo que estaba sola?”, me pregunté con ironía, y la mismísima soledad me respondió con una carcajada. 

martes, 8 de mayo de 2012

No es el fin del mundo (Imposibles parte II)

No es que se esté cayendo el cielo negro sobre el suelo pardo, solo es lluvia, una ligera y fresca lluvia en mayo.  La feria se ha retirado ante la amenaza de tormenta, mis celos se me hacen bola en la garganta. No lloro, no grito, soporto, no es para tanto. Vomito. Me dolió más tu frívolo primer beso, tu distancia después de darte lo mejor de mí. ¡Que bueno que no me extrañas!,  no lo soportarías. ¡Que bueno que seas feliz!, ¡Que bueno que estes a salvo en sus brazos! Espero el sonido de las ranas y espero la espera de lo que no me esperará jamás. Sin saberlo aposté demasiado a una historia inédita y censurada. Ahora, en este drama, quisiera adelantar algunas páginas hasta el diálogo donde el productor me permite mandarte al carajo. No, no te odio a ti, sino al eco de tus besos que se filtran en la gotera del techo y me taladran la cabeza. "Te lo dije, splash, te lo dije", reprochan al caer en la cubeta. No es el fin del mundo, no es momento de sacar las tablas para construir un arca. Sonríes, eso es bueno, yo también lo haré, tal vez mañana, tal vez pasado, tal vez la próxima semana, o cuando vea un as de corazones en alguna parte. De mi no te preocupes, la feria por fin se ha marchado. Dormiré tranquila esta vez, sabiendo que he logrado amarte en tiempo record. ¡Eso si era magia! ¡Vamos! ¡Ella es una puta! ¡Tu un cegatón! ¡Yo una necia estúpida!, y definitivamente ¡Este no es el puto fin del mundo!

sábado, 28 de abril de 2012

Noticias Viejas



-Hola mija ¿Como esta?
Me saluda la señora que vende comida afuera de mi trabajo, al que acudo seis días a la semana desde hace casi tres años.
-Bien señora ¿Y usted?
Contesto con la mayor cortesía que me es posible, son las nueve de la mañana y no he dormido absolutamente nada. Ella se ve dispuesta a iniciar una plática.
-Bien, aquí, trabajando.
Sonríe y sonrío, espero por el compañero que saldrá a trabajar conmigo hoy. Una interrogante había quedado en el aire.
-Oiga, ¿Y su novio?, hace tiempo que no lo veo
En una fracción de segundo se me ocurren mil maneras de responder a eso. ¿Cuál novio? ¿El que tenía?, seguramente se debe referir a él. Ese que trabajaba aquí junto conmigo, que rozaba sus manos con las mías cuando nos sentábamos juntos.
El flaco deprimido que encadenaba su cintura a mis brazos y que siempre, siempre, estaba a mi lado.
Ese pseudo-hombre al que adoré con la más grande de mis locuras. Que me besaba en todos lados con su boca de azúcar.
Ese tonto que a veces no sabía como escribir.
Ese tarado, inseguro, maniaco, que me abandonó por que decidió que no era lo suficientemente buena para él. ¡Bah!
El pendejo ese que me dejó por otra estúpida, de la cual me dijo que estaba enamorado por que era más culta, inteligente, agradable y delgada que yo.
¿Sabe? Ella lo dejó a la semana siguiente en que él me rompió el corazón.
Ahora tiene una novia, una cristiana bisexual y suicida, come santos y caga diablos, la cual dice él que es hermosa, pero yo ahora la veo tan opaca y desabrida como él.
¿Sabe? me costó mucho poder olvidar todo eso, como un año masomenos.
Sí, hace un año pasó eso.
Sigo en el mismo lugar, rodeada de la misma gente, pero él ya no esta conmigo, ya ni siquiera trabajamos en el mismo turno. ¿Será por eso que ya no lo ve?
Aún lo amo, pero es diferente ¿Tendría algún sentido explicarle eso?
Finalmente nuestros caminos ya están muy apartados y nuestra relación era tan evidente que en ocasiones como esta me pregunto ¿Cuánto tiempo pasará hasta que me deje de seguir su estigma?
Pero no tengo tiempo de contarle todo esto, ni tengo ganas, ni le tengo tanta confianza, usted limítese a venderme comida.
-Por ahí anda, trabajando.
-Me lo saluda
-Seguro

martes, 10 de abril de 2012

Hasta que llegues



El duendecillo triste de mi ser de posa frente a la ventana. Observa la lluvia caer y acaricia su larga cabellera marchita y sin brillo, empapada de melancolía. Se come la uñas de la impaciencia y se tranquiliza aspirando el aroma de la tierra húmeda.
Su cara pálida muestra unas enormes ojeras. Emite un profundo suspiro cada cinco minutos.
Jamás había perdido el sueño por nada y hacía mil noches que no recordaba lo que era amarte a distancia, que no pensaba siquiera en volver a verte, pero ahora… ahora piensa y reflexiona en cada célula de tu cuerpo, impresas cada una en una serie de recuerdos sin número de folio, en el expediente de lo que nunca se ha resuelto.
Navega en el interior de ese sentimiento que ya no recuerda como surgió pero que no ha muerto del todo, a pesar del tiempo perdido, a pesar de la búsqueda frustrada y ociosa de la felicidad en otros lados.
La tarde muere y él sigue posado frente a la ventana, observando la lluvia caer.
La tormenta es horrible, ¡Tenebrosa!, ¡Maléfica! pero, aunque asustado, no quiere que termine.
Alberga la esperanza de que dure lo suficiente, hasta que llegues; entonces tendrá el pretexto perfecto para acurrucarse en tus brazos y refugiarse hasta el amanecer.

martes, 27 de marzo de 2012

Mi compromiso



Aún recuerdo la primera vez que te vi sonreír, con la vista perdida no sé en donde y la voz pausada guardándose no sé cuantas palabras. Tengo presente el temblor de tu boca cuando me hablas y el brillo de tus ojos cuando me miras, siento el estigma de tus labios cerca de los míos, besándome fríamente en la cara.
Y así como me vez de golpeada, aún tengo fuerzas para defenderme de mi propio ataque de seducción que rebota en tus manos de concreto cuando me acerco a ti.
Por eso, te juro que no te tomaré en serio nunca.
Si me dejas estar contigo.
Te doy mi palabra de que jamás imaginaré tus manos apretando las mías, caminando por el parque a la luz del sol moribundo de la tarde.
Jamás insistiré en llamarte mío solo por el placer morboso de que el mundo nos vea como uno solo. No perfumaré tu camisa con mi fragancia, no desperdiciaré mis poemas en tus oídos.
No extraviaré mis besos en tu piel, me los llevaré cuando te vayas. Si prometes regresar, te juro que no te llamaré a media noche para oírte, ni te escribiré mensajes plagados de clichés. A esa hora probablemente estaré dormida, soñando tonterías.
Tampoco voy deletrear tus letras en las hojas de mi libreta de reportera, es sabio ahorrar papel en tiempos de crisis.
Me comprometo a nunca presentarme ante tus padres, ni llamarte “mi novio” frente a mis amigos. Nadie sabrá de nuestros encuentros furtivos, nadie conocerá nunca a que saben tus lunares… si me dejas probarlos.
No voy a suspirar cuando escuche tu nombre, ni voy a soñar despierta cuando escuche a Arjona… tal vez cuando escuche a Zoe, en sus canciones que hablan sobre planetas y universos.
Ni creas que voy a pensar en ti todo el tiempo, sólo un poco, en las mañanas, cuando amanezca con ganas, o con resaca. Luego me levantaré y seguiré con mi día
Mi vicio del cigarro sobrevivirá, quizá cuando te vea me perfume las encías.
Tu libertad estará intacta, serás libre de decir “Ya Basta” cuando así lo desees. No creas que te detendré, no me gusta correr detrás de nadie.
Cuando te bese, no lo haré con amor. Cada caricia que recibas de mi será mera urgencia transformada en dedos. Si mis pupilas se dilatan se deberá a la poca luz que habrá en la habitación.
Si mis manos tiemblan es por que estaré excitada de tenerte frente a mí. Ya sé, de repente puedo recargar mi cabeza sobre tu torso desnudo y tu corazón me empezará a hablar con latidos, pero no significa nada, ¡Te lo juro!, es sólo que estoy cansada.
Quiero que vengas y entres y te vayas. Si te gusta, ¡Regresa!, sino te gusta ¡No vuelvas!
Eso sí… antes de irte, apaga la luz y llévate cualquier migaja de cariño, finalmente, no las necesito.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Eutanasia suicida


Ahí estaba ella, dormida sobre el colchón, con el cuerpo pálido y rechoncho desnudo, era una noche calurosa y en la habitación no había ventilador. Estaba boca abajo, respirando con su boca abierta, tantas veces besada.
Desparramada, con las carnes magulladas y cansadas, en una cama dura de sábanas blancas.
La verdad es que ya me estaba hartando de ella, tan loca, tan rara, tan deprimida siempre. Tan resentida con una sociedad que no estaba creada para soportarla, tan rodeada siempre de hombres que no sabían valorarla. Y ahí estaba yo, valorándola por todos ellos.
La gente dice que no la amaba, pero la gente suele ser muy estúpida en estos casos.
Sí alguien la amó, fui yo. Yo y uno que otro de aquellos amantes inadvertidos que entraron a su cuarto violando la cerradura de su amargura. Pero ninguno más que yo.
La pobre había llorado mucho, pero me había fastidiado otro más. Sus arranques infantiles, sus llamadas al celular, sus mensajes en la computadora y sus bizarras cartas de amor. Todo en ella me parecía tan insoportable en ese momento, que entonces accioné el dispositivo en mi cerebro que me llevaría a asesinarla, pero no sin antes, hacerle el amor una vez más.
Una amalgama de ternura y asco se revolcaba en mi garganta y entonces empecé a tocar su cuerpo femenino.
Me incliné sobre ella y le acaricié el cabello castaño y descuidado. Tan largo como lo eran sus pesares, tan maltratado como sus ideales. Entonces posé mis labios fantasma sobre su cuello, blanco, delicado, con olor a tabaco y a incienso.
–¡Maldita Bruja! –pensé, y seguí besándola.
Pasé mis manos de aire por sus minúsculos senos, iguales a los míos, por su cintura amplia y su entrepierna. Tan grotesca era aquella mujer que estaba bajo mi cuerpo gris, que no pude hacer otra cosa más que ignorar mis ganas de vomitar y seguir adorándola, por última vez, como nadie lo hacía desde hace mucho tiempo ni con ella, ni conmigo; y como nadie lo volvería a hacer.
Pasé mis uñas mordidas y filosas por sus muslos gruesos y arañados, bajé hasta sus píes y la seguí besando sin dejo de deseo.
Tan mía era y tan desagradable me parecía. Pero era mía, sólo mía, para mi odiosa desgracia. Solo las dos nos pertenecíamos, no había ningún hombre de por medio que nos salvará de la tediosa costumbre de enloquecer de pasión en la penumbra.
De mis dedos lagos hice tijeras y en un arranque de lujuria le atravesé el vientre.
¡Ah, que grito tan delicioso salió de su garganta dormida!
Con voz marchita imploraba piedad al vacío.
Fue tanto su dolor que quedó desmayada, con la boca torcida y el ceño fruncido.
En un segundo movimiento le corté la garganta y volvió a despertar, esta vez en la peor de sus pesadillas.
Toda ella estaba llena de sangre y luchaba conmigo sobre la cama, me daba zarpazos de gata herida, pero solo tocaba el aire y la nada.
La tomé de las muñecas, la sujeté a la cama y la besé con la lengua. Ella gritaba y lloraba más de lo que lo había hecho antes en toda su vida. Esa vida que compartí con ella y en la que nunca pude satisfacerla.
No hablaba, solo aullaba y yo la escuchaba y reía.
Sin fuerzas, se arremolinó sobre mis piernas, me vio a la cara, distinguiéndola en la oscuridad por primera vez.
–Gracias –me dijo con el último hilo de voz y me desprendí de ella para siempre.
Jamás volví a ver la sonrisa de la mujer que yo misma era. Y nadie puede decir que me autocompadezco, terminé con su dolor y terminé con el mío.
Desprendida de ese cuerpo, floto desde entonces en el universo. Sin amor, sin sonrisa, sin besos robados ni anunciados, sin caricias prolongadas y sin daños a terceros.
Quien diga que los muertos no existimos, es que no comprende el significado de la vida misma.

viernes, 16 de marzo de 2012

Crónica de una mala noche



10:30.- La loca se encuentra acostada sumergida a media luz, sus pesadillas han regresado y le es imposible dormir en la penumbra. Sueña con fantasmas que quieren comerse sus orejas y ahogar sus gritos de manera telekinésica.
11:00.- La televisión habla sola, se transmite el noticiero con sus malas y aburridas noticias de siempre, la loca escucha de un niño que mató a su perro mientras jugaba a ser sicario en la colonia Altavista.
Ella sólo quiere dormir, pero no puede dejar de observar el techo blanco de su habitación azul. Se acuesta de lado y se toca los brazos, se descubre algunas marcas de acné en su piel.
11:24.- Su cabeza duele, esta rota, desde mucho tiempo antes de que naciera. No esta cuerda, nunca lo ha estado. Lo odia todo, empezando por él. Ese que la besó y la dejo plantada amándolo en silencio. Se odia a sí misma, por ser tan anormal, por ser tan incomprendida y tan desequilibrada. Frágil.
Odia el transporte público, la ropa interior ajustada y los cepillos rojos con los que debe peinarse todos los días.
Odia tener que llegar a casa siempre, odia los mismos caminos que conducen a los mismos lugares.
11:38.- Su madre llega y la abraza por la espalda, le dice que todo estará bien. Pero mamá cordura no sabe de locuras.
–¿Crees que somos muy diferentes? –pregunta la loca
–Creo que eres muy negativa, tienes todo para ser feliz y no lo eres –responde la señora.
Pero no es verdad. La loca no tiene nada de lo que desea. No tiene la libertad de andar descalza por el mundo, tampoco puede andar desnuda e incluso se avergüenza de su propio cuerpo.
No tiene el premio Nóbel de literatura ni tampoco tiene el traje de superhéroe rosa que tanto deseó cuando niña.   
La loca no tiene amores agradables, no tiene sonrisas que ofrecer a los pobres de la calle. No tiene agallas para suicidarse, no tiene fuerzas para vivir.
Batalla para levantar los pies al caminar y para despertar con los rayos del sol por la mañana.
No tiene hambre, ni frío, ni sed. No tiene llaves para llegar a su casa en la madrugada. No tiene la libertad de abrazar a su propio perro por que la llena de pelos y estos son asquerosos para las demás personas.
1:48.- Ahora mismo quiere un cigarro, pero no puede prenderlo dentro de su cuarto. Un recinto que debería ser sagrado e impenetrable, como su mente, pero que ni siquiera puerta tiene y cualquier persona puede entrar a juzgarla de negativa.
2:00.- La loca espera la muerte, cruza los brazos sobre su pecho y se acuesta boca arriba, su abuela decía que siempre que alguien dormía en esa posición, se invocaba a los espíritus del inframundo.
–No duermas así, llamas a la muerte
Y la loca –entonces inocente –se inclinaba a un costado.
Pero ahora, no podía contener sus enormes ganas de morir y desafiando este consejo se acuesta justo de esta forma.
–¡Ven por mi! ¡Llévame contigo! ¡No quiero vivir!
Susurra la loca.
Pero la muerte no llega. Se ríe la culera y aplaude el episodio como si fuera la mejor de la comedias.
2:29.-Desesperada, se levanta, toma un lápiz y le escribe poemas en las paredes. Comienza a bailar con saltos.
Quiebra el televisor de una patada y abre la ventana para tomar aliento, entonces comienza a sonreír.
Sólo para entretenerse, canta tan fuerte que se despiertan los vecinos. Su perro aúlla de alegría a una luna redonda y llena, entonces la loca se hinca de piernas y de brazos a aullar junto con él.
Aúlla con el alma libre de albedrío, con la risa maquiavélica en el orgasmo de la libertad.
2:46.- Corre al baño, toma unas tijeras y corta su cabello negro. Cada mechón, un aullido más, un nuevo grito de placer.
Todo a su alrededor se disuelve, las cadenas de obediencia ciega, el uniforme de amor incondicional y el bozal para no decir imprudencias. Sola, feliz y loca, mundanamente desquiciada. Sin familia, sin pasado, sin daños a terceros que lamentar.
3:23.- La loca recoge su cabello del suelo, lo forja en un papel amarillento y empieza a fumárselo.
3:53.- Entonces sucede, llega la muerte con su traje negro y sucio a llevarse a La loca de una fiesta que no quiere irse.
La loca grita y siente como la piel se le desprende del cuerpo en una explosión que sucede dentro de ella. En un segundo aprecia el movimiento de su carne roja salpicándolo todo. Sus ojos casi caen al suelo fuera de sus cuencas…
4:59.- Entonces yo logro despertar, mojada de sudor y sofocada por las cobijas, un minuto antes de que suene el despertador.